| Dante Raúl Quinterno (1909-2003), fundador del primer sindicato argentino de distribución de historietas, nació con un prodigioso don para el trazo caricaturesco. Al respecto, contó, en 1932, a la revista Mundo Argentino: "Primero ensuciaba con grafito cuanta superficie pulida se presentara a mi vista. Después, en los recreos de la (escuela) primaria, garabateaba retratos de próceres argentinos en los pizarrones". Fue el creador de numerosos personajes, y aquí veremos a varios de ellos. |
| Manolo Quaranta: Su primer personaje propio, del año 1925, para la revista "La Novela Semanal". En las tiras, el personaje trataba de ganar dinero de cualquier manera, sin trabajar (click aquí). |
| Isidoro Batacazo: Publicado en las páginas de hípica del diario "El Mundo" en el año 1931, eran las desventuras de un tímido oficinista aficionado a las carreras de caballos (click aquí). |
| Don Fermín:
Creado en 1926 para el diario "El Mundo", con el tiempo cambiaría de nombre y se convertiría en Don Fierro (imagen de la derecha). Era un hombre tirano en su hogar que al llegar a la oficina se convertía en un empleado obsecuente, eternamente mortificado por su diminuto (y despótico) jefe (ver tira). Otros personajes secundarios, pero también importantes en las historietas, eran su esposa (Sara), su suegra (doña Encarnación), su hija (Pocha), su hijo menor (Palito), su cocinera (la negra Timotea) y su inquilino (el vago Constantino). |
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| Pepe torpedo: El personaje, aparecido en Diciembre de 1930 en la "página de autos" del diario "La Razón", no hablaba dos palabras sin endilgar un término automovilístico. Aparecía firmado por "Escape libre" (click aquí). |
| Julián de Montepío (imagen
de la derecha): Era definido como un “vivillo porteño y playboy, con aires de millonario industrial y comercial", que vivía historias vinculadas con la timba, las mujeres, y la noche de Buenos Aires. Trataba de evitar pagarles a sus acreedores. Estaba acompañado por su novia (Lolita) y por su valet (el negrito Cocoa). Como era amigo del adinerado "Tito Meñique", esto le facilitaba el acceso a las grandes reuniones sociales y a las mujeres de fortuna que accedían a las mismas. Se relacionaba, pues, con la aristocracia de la época. La tira se desarrolló a partir del 15 de Diciembre de 1928, y por unos años, en la última página del diario La Razón. |
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| Patoruzú:
Era el año 1928 cuando se "asomó" a las páginas de un diario el cacique Tehuelche Patoruzú (imagen de la derecha), quien se asentó, tomando su aspecto definitivo, por el año 1935. Un año después se mudó para siempre a la revista que lleva su nombre. Patoruzú es un cacique indio de la Patagonia argentina, y dueño de una enorme estancia en esa zona, que llegó a Buenos Aires dispuesto a hacer el bien y cargado de pepitas de oro. Varias generaciones de argentinos han acompañado al valeroso cacique en sus aventuras, y aún lo hacen. Se sabe que éste superhéroe indígena fue fuente de inspiración de importantes historietistas internacionales, como René Gosciny. Posteriormente, en 1945, llegaría la versión infantil del héroe, o sea Patoruzito. |
| Isidoro Cañones: Por un lado es presentado como la contraparte de su ahijado, el cacique Patoruzú, y por el otro, cuando vive sus propias aventuras, como un "Playboy". Su vida está controlada y organizada, según el caso, por el poder económico de Patoruzú o por el de su tío (el Coronel Cañones), aunque también, en algunas ocaciones, por los "mandos militares" de este último. Siendo una supuesta caricatura del argentino medio, Isidoro (imagen de la derecha) es vago, interesado, inteligente, aficionado a la vida fácil, simpático y vividor. Más tarde llegaría su versión infantil: Isidorito. |
| Otros personajes de Dante Quinterno:
Con el éxito popular, el mundo "patoruziano" creció con la incorporación de emblemáticos personajes secundarios, como la Chacha (nodriza de Patoruzú), Upa y Patora (hermanos de Patoruzú), Ñancul (fiel capataz de la estancia de Patoruzú), el caballo Pampero, y muchos otros. Lo mismo pasaría con el entorno de Isidoro, donde aparecerían nuevos personajes, como por ejemplo el Coronel Cañones. |
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El trazo muestra a un indio de nariz larga y cuerpo
grande, inflado y levemente encorvado, al que cubre un poncho raído con
un parche en la espalda. No lleva pluma y sus pantalones caen apenas unos
centímetros por debajo de sus rodillas. Camina en ojotas, con aire abatido.
Como sorprendido por un chistido del dibujante, mira hacia atrás: "Mañana
debuta el indio...", dice el anuncio que acompaña al dibujo en el
diario Crítica (click en la imagen de la derecha). Mañana es 19 de octubre de
1928. Ni un solo elemento de esa primera imagen delata que ese indio nacido
como Curugua-Cungüaguigua vaya a atravesar sucesivas generaciones de argentinos
hasta convertirse en un superhéroe autóctono, un icono más que un personaje,
sinónimo de generosidad, riqueza y nobleza, virtudes que alguna ideología
considera constituyentes de la argentinidad. |
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Curugua-Cungüaguigua, “joven indio, último vástago de los ‘tehuelches gigantes’ que habitaban la Patagonia”, había nacido como protegido de Don Gil Contento, protagonista
de la historieta homónima que Dante Quinterno empezó a publicar en Crítica en 1927. El indio había quedado huérfano
por "la muerte de su tutor y patrón" y Don Gil se ve obligado a adoptarlo.
Por suerte para los lectores, en el primer cuadro del día del debut (click
aquí), Quinterno le hace decir a Don Gil: "Por fin llegaste Patoruzú, te bautizo con ese nombre porque
el tuyo me descoyunta las mandíbulas".
En su libro Releyendo Patoruzú, Susana Muzio señala que fue Muzio Sáenz
Peña quien advirtió que "con ese nombre no va a ningún lado". Entendió
que debía ser un nombre "criollo, pegadizo, como la pasta de Oruzu". Esa
pasta era una suerte de golosina muy popular. |
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La tira desapareció el mismo día del debut, nadie sabe por qué. De todos modos en esa aparición única se desgrana el conflicto que nunca dejará la tira, la lucha entre el ingenuo ("un poco lelo", lo califica Muzio) y el aprovechador, entre lo noble y lo perverso, entre el Bien y el Mal. En los 17 cuadros iniciáticos el indio patagónico recibe
lecciones de civilización. Su tutor le enseña cómo se enciende la luz
eléctrica, le explica que en Buenos Aires "la sopa se toma con cuchara
y abundan los taxis-colectivos". Aparece también el primer antecedente
de las avivadas que caracterizarán a su padrino Isidoro
Cañones (imagen de la derecha), ya que Don Gil, de quien se espera que lo guíe
y proteja, intenta robarle unas bolsas con pepitas de oro con el argumento
de que "no sirven para nada". Al final de la tira, el tutor reflexiona
"Que injusto es el mundo ¡Tanto oro en manos de un indio tan bruto!". |
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Patoruzú reaparecerá dos meses después en la tira Don
Julián de Montepío (izquierda), publicada por Quinterno en La Razón. Es
parte de la herencia millonaria que un tío de la Patagonia le deja a Julián,
porteño prototípico, de pose altanera y sobradora. Con el paso del tiempo
Quinterno vuelve a contar el origen de Patoruzú, y lo ubica, en la aventura “El águila de oro”, como descendiente de faraones egipcios (dinastía de los Patoruzek), y por lo tanto no lo hace descendiente de los nativos de estas tierras del Sur. Igualmente, nunca quedó debidamente aclarada la notable contradicción de un indio terrateniente en la zona patagónica donde las matanzas de indios fueron moneda corriente durante la conquista del desierto. |
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Quinterno fue definiendo el carácter de Patoruzú:
irascible, incorruptible, sus poderes devienen tanto de ciertas propiedades
de las bestias (como un gran olfato, que utiliza como un animal de caza),
de un factor natural (lo hereditario y las bondades de los baños termales)
y de lo mágico, lo fantástico, propio de la convención literaria (por
ejemplo puede provocar tornados con su soplido, puede tirar un centro
y a la vez cabecear, etc.). |
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| Todas las ilustraciones y personajes son propiedad de Dante Quinterno |
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