LA HISTORIA DEL COMIC EN LA ARGENTINA
TERCERA PARTE: desde comienzos de la década del '50 hasta el final de la misma
En esta década se presenta el punto más alto de la historieta argentina, ya sea por la diversidad de publicaciones, y el éxito masivo de éstas, como por las distintas vertientes, estilos y artistas que proliferaron. Incluso, comienza la exportación de historietas argentinas. En los años ‘50 se afianza esta edad de oro con la aparición de dos figuras fundamentales para la historieta argentina, que comenzarán a destacarse en los primeros años de la década, y que, de alguna manera, iniciarán lo que después se conoció como "comic de autor": el guionista Héctor Oesterheld, que comienza a publicar en Editorial Abril, y el dibujante italiano recién llegado a la Argentina, Hugo Pratt.
La dupla Oesterheld (en los guiones) y Pratt (en los dibujos) crearía varios personajes muy populares, como "Sargento Kirk" (derecha), en 1953, en la revista "Misterix", que era una serie del Far West en la que el protagonista a veces perdía, los indios eran buenos, y en la que había muy pocos disparos; fue el primer antihéroe de Oesterheld, dotado de una inusual humanidad.
KIRK
ERNIE PIKE
Otros dos populares tiras de Oesterheld y Pratt fueron, en 1957, "Ernie Pike" (izquierda), para "Hora Cero", inspirada en un verdadero corresponsal de la Segunda Guerra Mundial, que aquí cumplía el rol de narrador (en la guerra que se contaba desde Ernie Pike no había buenos ni malos, todos eran víctimas); y "Ticonderoga", para Frontera, ambientada en la guerra que mantuvieron franceses e ingleses durante la Independencia de los Estados Unidos. Fue así que, con los guiones de Oesterheld (en compañía de diversos dibujantes), la historieta de aventuras alcanzaría su grado de madurez más elevado. Además, en estos temprano cincuenta ya brillan con luz propia, sumándose a las ya existentes, revistas como "Pimpinela", "Hazañas", "Fantasía", "D'Artagnan", "Bucaneros", etc.
En Septiembre de 1953 apareció la revista "Dibujantes", con la participación de, entre otros, Juan Sagrera y Osvaldo Laino. En el año 1954 apareció "El Conejo Fosforito", de Cammarota y Mordillo. Por esos años llega "Tita Dinamita", tira que Campani dibujaba para la Argentina desde Italia, y era protagonizada por una erótica y avasallante chica que a veces aparecía censurada por los otros personajes. Además, en la revista "Rayo Rojo" aparecieron importantes series, como "El Indio Suárez" (derecha), de Oesterheld-Freixas, "Marc Cabot", de Ongaro-Vogt, y la humorística "Capicúa", de Mazzone, que con el tiempo llegó a tener su propia revista.
INDIO SUAREZ
Es el año 1957 el que dará a nuestra "literatura dibujada" el perfil que ha mantenido hasta la actualidad, puesto que se comienzan a hacer cosas nuevas, distintas de las que se hacen en el resto del mundo, con asuntos más complejos y más humanos, que se apartan del modelo norteamericano que se seguía hasta el momento. Sustentadas por el éxito de sus predecesoras y por el afianzamiento de Oesterheld como guionista, aparece la ya mencionada "Hora Cero", de editorial Frontera, fundadas por el propio Oesterheld, autor también de la mayoría de los guiones, y rodeado de los mejores dibujantes del momento: un ya depurado Hugo Pratt, Alberto Breccia, Solano López, Arturo del Castillo, José Muñoz, Leo Durañona y Juan Giménez, nombres que harán que el comic no sea nunca más el de antes y que elevarán la historieta argentina al top que hoy ocupa a nivel mundial.
También en 1957 debuta en las páginas de Hora Cero (en la aparecerá hasta 1959), una historieta de "ciencia ficción" destinada a convertirse en uno de los pilares del comic universal: "El Eternauta" (derecha). Llega a su cumbre el estilo narrativo de Oesterheld, que deja de lado las clásicas divisiones que hacía la historieta entre "héroes" y "villanos", "pistoleros" e "indios", y comienza a incursionar en la creación de personajes no tan "puros", héroes que tienen miedo, villanos queribles, perdedores y marginados, hombres que luchan por encontrarse y, sobre todo, por "el cambio de domicilio" de la aventura, que ubica hechos, que hasta entonces habían sido privilegio de lugares lejanos y exóticos, en sitios cotidianos. Otro de los aportes incuestionables de Osterheld es el hecho de haber agregado a una historieta que desde sus comienzos (dibujos de Caras y Caretas o P.B.T.) fue testimonial, la característica de ser definitivamente comprometida con la realidad. No es extraño encontrar en los guiones (sean realistas, de aventuras o de ciencia ficción) alusiones y críticas constantes a la realidad política del país que se van haciendo cada vez más evidente con el correr de los años.
EL ETERNAUTA
La producción de Oesterheld en estos últimos años de los ‘50 es impresionante; además de las tiras ya mencionadas realizaría a "Rolo, el marciano adoptivo", para Hora Cero, con dibujos de Solano López; "Nahuel Barros" (del género gauchesco), para Hora Cero, con dibujos de Carlos Roume; "Cayena" para Hora Cero, con dibujos de Daniel Haupt; "Tip Kenya", para Frontera, con dibujos de Carlos Roume; "Patria Vieja", para Hora Cero, con dibujos de Juan Arancio; "Verdugo Ranch", para Hora Cero, con dibujos de Ivo Pavone; "Buster Pike" para Hora Cero, con dibujos de Julio Schiaffino, etc.
RANDALL
También hay que mencionar, en "Hora Cero", y de Héstor Oesterheld, a "Randall" (izquierda), con dibujos de Del Castillo, que era un melancólico western, y a "Sherlock Time", una serie de ciencia ficción que inicia la fructífera colaboración de Oesterheld con otro gigante, Alberto Breccia, ya desde aquí renovando el género. Posteriormente, en esa misma revista (HoraCero), Oesterheld (en los guiones) y Breccia (en los dibujos) realizarían la historieta "Dr. Morgue".
También en esta década tan significativa, podemos mencionar que se comienzan a realizar los primeros intentos serios de "trasposición" en la historieta argentina, o sea intertar una proyección o interrelación entre la historieta y otros medios o lenguajes. Ya desde fines de la década del ‘20, Raúl Roux había adaptado algunas obras literarias famosas al comic para El Tony (Hansel y Gretel, el cuento de los hermanos Grimm, fue la primera, en 1928, seguida por Robinson Crusoe, La Isla del Tesoro, etc.), así como José Luis Salinas lo había hecho a lo largo de toda la década del ‘30 y del ‘40 (Miguel Strogoff, La Costa de Marfil, El último de los Mohicanos) a partir de sus publicaciones en las revistas El Hogar o Salgari, ésta última siempre con adaptaciones de obras de un solo autor, Emilio Salgari, que le daba título a la publicación. Pero éstos fueron intentos muy "primitivos", antecedentes de los que mencionamos con la aparición de Intervalo y con el mismo estilo, que había impuesto por estos tiempos en Estados Unidos Harold Foster, con "Tarzán" y "Príncipe Valiente". Las "verdaderas adaptaciones", en cambio, son las que comienza a realizar para esta época Alberto Breccia para Aventuras (y que marcan el estilo que se seguirá en adelante), auxiliadas por un aliado inesperado: el humor.
Con una temática completamente diferente, y volviendo otra vez al año 1957, se funda otra de las revistas que trazarán una senda a seguir: "Tía Vicenta", publicación humorística, dirigida por Landrú, con un dibujo y un estilo desenfadado, surrealista y transgresor, de comentarios de actualidad, sin tomar partido por nadie, a la manera de la ya famosa "La Codorniz", que venía apareciendo en España desde hacía algún tiempo. "Tía Vicenta" fue una sorpresa cotidiana, cambiando secciones y estilos, y hasta cambiando la cubierta para parodiar a otras revistas de moda.
Entre los personajes de Landrú que aparecían en la revista "Tía Vicenta" estaban "Rogelio, el hombre que razonaba demasiado", "El señor Porcel" (derecha), y, más adelante, "Babú el hámster". Hasta el año 1966 (cuando fue clausurada por Onganía) Tía Vicenta brindó desopilantes ocurrencias con un formato bastante revolucionario para su época: se usaron por primera vez los fotomontajes y echó mano del humor absurdo que tenía éxito en teatros de revistas para aplicarlo al tema de la política argentina.
EL SEÑOR PORCEL
Cuando Tía Vicenta rompe el fuego y hace tambalear el monopolio adulto que venía ostentando la historieta ""seria" hasta ese momento, comienzan a surgir otras publicaciones, como por ejemplo "Dr. Merengue", en la que César Bruto (guionista) y el humorista cordobés Oscar Conti "Oski" (dibujante), encaran la adaptación de la literatura a partir de la risa, resumiendo en dos o tres páginas desopilantes los "intocables" modelos literarios: El Cid, Don Quijote, obras de Shakespeare, Dumas, Stevenson, e, incluso, las óperas de Verdi, etc.
En realidad, todo esto se origina porque la historieta, en su etapa de maduración, comienza a sentirse "culpable" de sus inicios marginales en lo cómico y lo infantil y apunta a los grandes modelos literarios como una forma de ganar prestigio y de presentarse como divulgadora y medio de acercamiento a la "literatura de verdad". Si bien no podemos negar que en muchos casos la versión en comic de una obra literaria tradicional fue una forma de acercamiento a los textos originales, esta función que la historieta se asigna con sentimiento de culpa, como "catarsis", no es, evidentemente, su verdadero fin, sino solamente una de sus posibles manifestaciones, y de ninguna manera una justificación de su existencia.
AVIVATO
También en los años ‘50 se da el intento "a la inversa": la historieta comienza a trasladarse a los demás medios. Como ejemplo, podemos mencionar a Enrique Cahen Salaverry, que filmó dos películas con personajes de Lino Palacio, "Avivato" (izquierda) en 1949 y "Don Fulgencio" (en 1950); a fines de la década, otra vez a Oski, que en 1958, realiza un libro de historia con historietas, "Vera historia de Indias" y, en 1959, a Fernando Birri que filma sobre planchas humorísticas de este mismo autor la película "La primera fundación de Buenos Aires". Ya en los ‘60 (1963), Martín Schor hace un cortometraje sobre planchas de Alejandro del Prado, "Calé", con su inigualable "Buenos Aires en camiseta".
Nacido a principios de la década del ‘50 en las tiras del diario La Razón, también en 1957 recala en las ya tradicionales revistas de Columba "El Cabo Savino" (derecha), primero en El Tony, después en D'Artagnan y finalmente en Fantasía. El Cabo Savino es el primer militar de la historieta argentina y su autor, Carlos Cassalla, recrea con el personaje el mundo desesperante y marginado del soldado del fortín en las campañas al desierto reflejando a la perfección la ambientación histórica, las armas, el paisaje, la ropa, etc. Uno de los grandes temas que cuestiona Cassalla con esta historieta es la legalidad sobre o de estas campañas al desierto. Con esta misma temática gauchesca, podemos mencionar como representantes de los ‘50 las historietas "Lindor Covas" (desde 1954, de Walter Ciocca), en La Razón, así como también "El Huinca" (desde 1957, de Enrique Rapela y Fabián Leyes), que apareció durante varios años en La Prensa.
EL CABO SAVINO
LAS CHICAS DE DIVITO
En materia de novedades, en 1956 Patoruzú (con Andanzas de Patoruzú) y en 1957 Patoruzito (Con Correrías de Patoruzito) se "independizan" de las publicaciones que llevan sus nombres y que comparten con otras historietas, para estrenar sus propias revistas, con aventuras exclusivamente de ellos. Por su parte, el dibujante "Divito" ya es famoso no sólo por el dibujo de las curvas de sus personajes femeninos, sino también por sus revistas (Rico Tipo, El Doctor Merengue), en las que propuso una renovación al humor y la historieta cómica argentina, retomando la picaresca que no se practicaba desde hacía varias décadas. Un capítulo aparte lo conforman las insuperables "Chicas" (izquierda), que formaron parte del imaginario colectivo: objetos eróticos inalcanzables para los hombres e ideal de belleza femenino no exento de envidia para las mujeres. Y se da que, en este decisivo año 1957, comienza a colaborar, tanto en esas revistas como en la recién salida Tía Vicenta, un autor que también revolucionará el comic mundial, y lo cambiará para siempre: Joaquín Lavado (Quino), quien, algunos años después, dará a luz a "Mafalda".
Desde 1958 (y por 10 años) en la revista "Canal TV" se publicaría la historieta “Cholula, loca por los astros”. Era una tira creada por De la Torre, guionado por Sagrera y dibujada por Toño Gallo. En la misma, el personaje principal, "Cholula" (derecha), se la pasaba persiguiendo a los famosos, para, por ejemplo, conseguir autógrafos, y era capaz de montar guardia veinticuatro horas, con tal de ver en persona a su ídolo favorito.
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Todo lo referido está relacionado con la parte "artística" propiamente dicha. En cuanto al mercado, es importante destacar que en el final de la década existían en Argentina alrededor de 60 revistas de historietas (sin contar las extranjeras). Las revistas Argentinas vendían aproximadamente 1.300.000 ejemplares. Basten ejemplos como Patoruzito, que llegó a una tirada de 300.000 ejemplares, y el hecho de que, de las 6 revistas más vendidas en Buenos Aires, 5 eran argentinas (El Tony, Intervalo, D’Artagnan, Patoruzito, Patoruzú) y sólo una extranjera (El Pato Donald).
Finalmente, cabe destacar que, el 1º de Junio de 1960 apareció, con una frecuencia mensual, la revista infantil Pepín Cascarón, de la editorial Dante Quinterno.

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